Esperando la ayuda prometida
Hubo promesas, pero pocas acciones concretas. La abogada me aseguró que pronto se pondría en contacto conmigo, pero resonaba el vacío de sus palabras. Joyce estaba tumbada en la cama, frágil bajo las sábanas, su mano sujetaba la mía con una fuerza casi inexistente. Observé impotente cómo me invadía una tormenta de miedo y rabia. No era justo. No podía permanecer inmóvil, dejando que el sistema aplastara nuestras vidas. Era hora de luchar.

Esperando la ayuda prometida
La dolorosa confesión de Joyce
“Se rieron”, susurró Joyce, sus palabras colgando en la habitación como frágiles notas musicales. “Como si yo ni siquiera fuera humana” La crudeza de aquella verdad me golpeó como un golpe seco, despertando una ira que apenas podía contener. La vulnerabilidad de su confesión no hizo sino reforzar mi determinación de descubrir la verdadera causa de todo este lío. ¿Cómo es posible que alguien pueda ignorar tan fríamente el sufrimiento genuino de otra persona?

La dolorosa confesión de Joyce