Enfrentarse a pruebas dolorosas
En la habitación, encontré a Joyce aún inconsciente, envuelta en una intrincada red de tubos y máquinas. “Eso no es cierto”, declaré con firmeza, aunque el dolor desbordaba mi voz. “Joyce se lo suplicó innumerables veces” Era inimaginable negar lo que mis propios ojos habían presenciado. Mis puños se cerraron a mi espalda, cargados de furia impotente contra quienes habían ignorado sus súplicas y luego habían tergiversado los hechos para crear aquella mentira descarada.

Enfrentarse a pruebas dolorosas
Las inquietantes palabras del médico
Percibiendo mi angustia, el Dr. Steven dijo con cautela: “A veces las familias se emocionan”, desviando incómodamente la mirada hacia el pasillo. Su explicación sonó débil e insuficiente, ofreciendo poco o ningún consuelo. Se me estrujó el corazón por la incredulidad de que alguien pudiera interpretar las palabras tranquilizadoras de Joyce como una reacción emocional exagerada, mientras ella yacía allí, vulnerable e indefensa. Una llama de indignación creció en mi interior, una ardiente necesidad de justicia. No permitiría que se escondieran tras justificaciones tan endebles.

Las inquietantes palabras del médico