Las dolorosas peticiones de Joyce
Joyce seguía pidiendo ayuda. “Por favor, ¿puedo tomar algo para este dolor?”, suplicaba desesperada. Pero Sandra y Anne sólo intercambiaban miradas y reían discretamente. Fueron dos horas enteras de pura indiferencia. Yo lo observaba todo, con el corazón estrujado cada vez que la ignoraban. Las súplicas de Joyce resonaban en el vacío, haciéndola llorar de agonía, mientras ellas seguían intercambiando susurros entre sí, desatendiendo por completo sus necesidades.

Las dolorosas peticiones de Joyce
Mi intento desesperado de ayudar
Era casi insoportable permanecer allí, inmóvil. Haciendo acopio de todo el valor que me quedaba, pregunté: “¿No hay nada que puedan hacer por ella?” Las enfermeras interrumpieron sus acciones durante un breve instante, sólo para mirarme fijamente. “Tiene que calmarse, señor, o lo expulsarán”, advirtió Sandra, con la voz impregnada de frialdad. Me quedé perplejo ante su tono indiferente. Los gritos de Joyce reverberaban por la habitación, un lamento agónico, pero parecían indiferentes, riéndose de su dolor. Esto hizo que mi ira hirviera aún más intensamente.

Mi intento desesperado de ayudar